
En la población de Llombai, los días 6, 7 y 8 de Febrero, tendrá lugar el Mercado Renacentista de los Borja. Es una inmersión completa en la época del Renacimiento, con ambientación cuidada, recreaciones históricas, artesanía, gastronomía y actividades para todas las edades. Con un programa cargado de actividades:
Recreaciones históricas: Episodios de la Batalla de las Germanías y escenas de la vida de los Borja.
Teatro de calle y pasacalles: Con actores, músicos y personajes fantásticos.
Talleres tradicionales: De oficios artesanales como la alfarería y la herrería-
Rincón infantil: Dedicado a los más pequeños, juegos, animaciones y actividades.
Gastronomía renacentista: Platos inspirados en recetas de época, dulces artesanos, panes cocidos en horno de leña y bebidas tradicionales…y con todo esto me he acercado para fotografiarlo.






Con la previsión del tiempo estable, salpicado por algunas nubes y algo ventoso, me adentré en Llombai poco después de las 10:00 h, listo para sumergirme en la experiencia del Mercado Renacentista de los Borja. Armado con mi cámara compacta «monocromo», un filtro amarillo y un filtro ND2 para controlar la luminosidad, estaba preparado para capturar cada matiz de esta celebración.
Al acercarme a la entrada del mercado, aún se están dando los últimos retoques de montaje en algunos puestos. El aire se estaba impregnando del delicioso aroma a comida que prometía una exquisita variedad de manjares. Me detuve frente a un puesto repleto de longanizas, morcillas y carnes, donde el cocinero, al notar mi presencia con la cámara, se convirtió en parte de la escena, utilizando el embutido como su mejor marco. ¡Una captura magistral!
Mis pasos me llevaron a recorrer las callejuelas del mercado, donde cada puesto era un universo en sí mismo. Desde velas que iluminaban la imaginación hasta especias que prometían sabores exóticos e ungüentos misteriosos curativos. Artesanos exhibían baratijas y plantas, mientras que un herrero, testigo de un arte en desuso, daba forma al metal, su fragor resonando en el aire.
La cámara apenas tuvo descanso. Cada ajuste se convertía en parte de la danza visual que hacía a través de enfoques automáticos, un diafragma entre f5,6 y f8, ISO a 800, y velocidades que danzaban entre 1/125 y 1/500. Cada clic era una historia, un instante capturado que no volvería.
En mi travesía, me adentré en el zoco árabe, donde el encargado llenaba de agua las fuentes decorativas. La imagen era inquietante y fascinante; el agua danzaba alegremente mientras los cables eléctricos parecían coquetear con el líquido vital. La sonrisa del hombre, despreocupada por la posibilidad de un desastre, me hizo reflexionar sobre la peligrosa belleza de la espontaneidad.
A medida que seguía mi camino, entré en el pasaje de las brujas. Los instrumentos de tortura y sombras misteriosas te transportaban a un mundo oscuro y sombrío. A medida que buscaba contraluces y personas para fotografiar, la multitud empezaba a crecer, desdibujando las posibilidades de capturar la esencia del mercado.
Pasadas las 11:30 h, un bullicio palpable llenó el ambiente. Las «fuerzas vivas» de Llombai llegaron para inaugurar el evento. La organización La fragua de Vulcano dio vida a la animación medieval, con una actriz en el papel de gobernadora que ofreció un sincero discurso de bienvenida. Las autoridades, seguidas por personajes ataviados con trajes de época, desfilaban majestuosamente. Desde una posición estratégica, aproveché la ocasión para inmortalizar esos momentos únicos e irrepetibles, cerrando el desfile con dos caballos luciendo sus vestiduras, desafiando el asfalto resbaladizo.
Con la aglomeración de personas aumentando, decidí que mi sesión fotográfica había llegado a su fin, al menos hasta la próxima edición en 2027. Pero la experiencia no terminaba aquí; la organización había preparado un interesante concurso de fotografía en Instagram en el que voy a participar. Marché de Llombai con una inmensa satisfacción: el evento no solo estaba bien organizado, sino que rebosaba detalles que evocaban la época que representaba, un verdadero acierto por parte de La fragua de Vulcano.



