Exhibición de coches históricos

A pesar del día nublado de esta mañana valenciana, Carmen Prades Gil y Marta Mercader Roig, las Falleras Mayores, alzaron el banderazo que marcó la salida de 40 coches clásicos en la Ronda Fallera de Coches – L’antigor‑. Desde la Plaza del Ayuntamiento de Valencia, los vehículos históricos, auténticas joyas de la mecánica, iniciaron un trayecto de 80 km hasta Gandía, sede de la 55ª edición del histórico rally. A partir de las 11 h, locales y turistas se agolparon para inmortalizar el momento con fotos; a las 12:30 h, las Falleras y sus Cortes de Honor dieron el pistoletazo de salida a los pilotos de estos vehículos clásicos, llegados de toda España, iniciando la fiesta que forma parte esencial de la agenda fallera.


Bajo un cielo gris que amenazaba con lluvia, el reloj marcó las 12:00 del viernes 6 de marzo cuando la Plaza del Ayuntamiento de Valencia se transformó en un escenario de época. En la 55ª edición de la “Ronda Fallera de coches de l’Antigor”, cuarenta joyas sobre ruedas —Ford A, Bentley, Cadillac, Mercedes‑Benz, Packard, Jaguar, Rolls‑Royce, Buick, Triumph y Chevrolet— desfilaban, cada una con su historia grabada entre 1929 y 1956. Su brillo metálico y su impecable conservación, casi museística, contrastaban con la seda y el encaje de los trajes falleros que, con rigor histórico, acompañaban el paso de los motores.

Entre la muchedumbre, mi cámara se convirtió en testigo silencioso. Capturé al fotógrafo oficial agachado, inmerso en su labor; a la vieja vedette de cabaret que, con un gesto dramático, cubría su rostro para evitar la foto; a varios ocupantes ataviados con ropas de los años 20, como si hubieran salido de un sueño de la década pasada; a una joven que señalaba con entusiasmo al conductor de un Jaguar; y a los turistas, con sus móviles alzados, inmortalizando el momento a su manera. El aire vibraba con vítores de jóvenes y mayores, todos expectantes ante la salida de la ronda de clásicos.

Aproximándose las doce y treinta minutos, llegaron las falleras mayor e infantil junto con su corte de honor, deslizándose en vehículos negros oficiales. A esa hora, descendieron, sonrieron y saludaron al público con la mano, para ocupar la primera fila. Los medios locales, como abejorros, zumbaban a su alrededor, ansiosos por capturar cada gesto. Con discreción, mi cámara logró encuadrar a todas las falleras alineadas, y, detrás de ellas, a un turista con el móvil en mano, como testigo inadvertido de la ceremonia.

Los motores rugieron, las bocinas estallaron y los aplausos se elevaron, marcando el inicio de la travesía: 80 kilómetros hasta Gandía, destino final de la ronda. Cuando el último coche se alejó, cerré mi sesión fotográfica. El tiempo gris no impidió que el entusiasmo y la pasión del público se convirtieran en la verdadera luz de la jornada.

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