
Retrópolis Valencia es un evento único y sin ánimo de lucro, cuyo objetivo es la divulgación y preservación de la rica cultura del videojuego y la informática clásica. Este encuentro rinde homenaje a los equipos que marcaron el inicio de la informática en el hogar y destaca el software desarrollado tanto nacional como internacionalmente, en un periodo en el que la industria del videojuego comenzaba a dar sus primeros pasos.
Además, el evento se erige como un espacio de encuentro atractivo para desarrolladores y entusiastas de la retroinformática, fomentando la colaboración y el intercambio de ideas en un entorno lleno de creatividad.
Para los visitantes, Retrópolis ofrece un marco incomparable para el intercambio cultural, diseñada para conectar a las nuevas generaciones con las joyas del pasado. A lo largo de este evento, se llevan a cabo diversas manifestaciones artísticas y tecnológicas, celebrando el legado de las máquinas y los videojuegos retro en un ambiente lúdico y enriquecedor.



En una soleada y despejada mañana de sábado, 25 de abril, mis pasos me condujeron hacia la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Informáticos, ubicada en la Universitat Politécnica de Valencia, donde se celebraba la novena edición de la feria de retroinformática y videojuegos clásicos, conocida como Retrópolis.
Al llegar al edificio 1G, el ambiente acogedor ya era palpable. Familias enteras, padres acompañados de sus hijos y estudiantes de informática se congregaban, todos compartiendo una misma ilusión. La entrada era gratuita, a cambio de un kilo de alimentos no perecederos que se canjeaban por un videojuego clásico, o bien, entregando un residuo electrónico para reciclar.
Dentro de la feria, con la cámara en mano me deje llevar por la nostalgia de aquellos años, los stands me transportaron directamente a los emblemáticos años 80 y 90. Mesas abarrotadas de monitores CRT, videojuegos icónicos, artesanía y colecciones de ordenadores personales como el Spectrum y el Commodore. Videoconsolas de Nintendo, PlayStation y Xbox completaban el nostálgico paisaje.
En la planta baja, se alineaban las máquinas recreativas de pinball y futbolines. Las colecciones de revistas y libros de cómics cautivaban la atención de los visitantes, que no podían resistirse a sentarse frente a los monitores, rememorando la magia de aquellos momentos en los que jugaban con sus consolas. Un piso más arriba, se vendían colecciones de videojuegos, camisetas con los anagramas más disparatados y figuras de personajes de cómics.
Además, la feria contaba con torneos oficiales: un torneo especial de futbolín, organizado por la Asociación Valenciana de Futbolín, y un emocionante torneo de Tetris, a cargo de RetroCabeza.
En definitiva, un festival retroinformático inolvidable recordando tiempos pasados y capturado en imágenes en blanco y negro. Retrópolis no es solo un evento; es un homenaje a los inicios de la informática, que sigue vivo en la memoria de muchos y que seguramente continuará atrayendo a nuevas generaciones.






