Visita a la exposición fotográfica en el IVAM de Cristina Garcia Rodero “La España oculta”

En 1973 la Fundación Juan March le concedió una beca artística con la que pudo recorrer la España de los años 70 y 80 y fotografiar sus fiestas y tradiciones. La exposición Cristina García Rodero. España oculta muestra una serie de 159 imágenes captadas entonces y con las que, dice su autora, «intenté fotografiar el alma misteriosa, verdadera y mágica de la España popular, con su pasión, el amor, el humor, la ternura, la rabia, el dolor, con su verdad; y los momentos más intensos y plenos en la vida de los personajes, tan simples como irresistibles, con toda su fuerza interior, en un desafío personal que me dio fuerza y comprensión y en el que puse todo mi corazón». Hasta el 8 de Febrero

Mas información: https://ivam.es/es/exposiciones/cristina-garcia-rodero-espana-oculta/


Pasé frente al IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno) sin siquiera detenerme, mis pensamientos estaban orientados a otro destino. Sin embargo, un cosquilleo indescifrable en mi interior me impulsó a darme la vuelta, como si un imán invisible me guiara hacia lo desconocido. La duda se apoderó de mí: ¿qué misterios se ocultaban tras las puertas de ese edificio?

Alzando la vista, mis ojos se encontraron con un cartel vibrante que anunciaba la exposición fotográfica de Cristina García Rodero “La España oculta”. Era como si esos colores y figuras danzaran en la fachada, atrayéndome irresistiblemente. Sin pensarlo más, decidí entrar.

Me dirigí al mostrador de información, donde una voz amable me informó que la exposición se encontraba en el segundo piso, sala 5. Con el corazón acelerado, subí las escaleras, cada peldaño prometía un descubrimiento. Al cruzar la puerta de la sala, las imágenes comenzaron a hablarme, transportándome a esa “España profunda” de los años 70 y 80.

Cada fotografía era un relato en sí mismo, una ventana a la riqueza cultural de esta vieja piel de toro. La luz y las sombras se entrelazaban en cada toma, evocando emociones que me hicieron detenerme a contemplar.

Mientras devoraba cada imagen, también capturaba con mi cámara a las personas que compartían el espacio conmigo. Muchos eran adultos mayores, reflejos de una historia vivida, pero entre ellos, algunos jóvenes se movían con curiosidad, como si el arte y el pasado les susurraran secretos. Todos en la sala parecían unirse en una danza de recuerdos y exploraciones, creando un ambiente vibrante en aquel refugio de arte.

Así, el que comenzó como un simple paso junto al IVAM se transformó en una experiencia enriquecedora, un viaje a través del tiempo y una celebración de la cultura que define a un país.

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