Mi visita a la exposición fotográfica de Luis Vidal Corella en el MUVIM

Esta exposición realiza un recorrido por los difíciles años de la Guerra Civil y la posguerra en la ciudad de Valencia a través del objetivo del fotoperiodista Luis Vidal Corella (Valencia, 18 de febrero de 1900 – 18 de noviembre de 1959), miembro de una familia de fotógrafos valencianos. Hasta el 26 de Marzo


Me acerco al Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MUVIM) con paso vacilante, como si el umbral de este portal a la historia estuviera cargado de ecos del pasado. Es mi primera vez: una mezcla de curiosidad y nerviosismo palpita en mi pecho, mientras mis pensamientos giran en torno a la razón que me trae aquí: la exposición fotográfica de Luis Vidal Corella, un fotógrafo valenciano cuyo trabajo captura la cruda realidad de la Guerra Civil y la posguerra en Valencia.

Al cruzar la entrada del MUVIM, me envuelve una extraña sensación de soledad. La sala, amplia y luminosa, se siente desierta; unas pocas personas vagan por el espacio, y en el centro, resplandece una majestuosidad arquitectónica: una gran maqueta de la ciudad de Valencia del siglo XVIII, un recordatorio tangible de épocas pasadas.

Para adentrarme en la sala Alfons Rig, desciendo por una rampa larga que parece un pasadizo hacia momentos olvidados. Al llegar, un gran retrato de Luis Vidal me observa a pocos pasos de la entrada, junto a cámaras antiguas que cuentan historias de un tiempo en el que las imágenes podían cambiar el mundo. Su mirada parece darme la bienvenida, un gesto silencioso que me invita a descubrir lo que su arte ha inmortalizado.

El vigilante, como un guardián del tiempo, me escudriña con una mirada escrutadora al entrar, pero pronto vuelve a la monotonía de su ronda. En esta sala, la mayoría de los asistentes son personas de edad madura, cada uno armado con un móvil que se alza como un trofeo en busca de la mejor captura. Fotografían las imágenes que consideran más interesantes, preparándose para compartir esos fragmentos de historia con seres queridos.

La atmósfera es tranquila; transcurre sin incidentes, mientras yo inmortalizo lo que me rodea. Busco, con mi lente, la interacción entre los asistentes, la esencia de este encuentro entre generaciones. Cada retrato, cada mirada intercambiada, son como hilos que tejen una narrativa.

Después de un largo rato, recorriendo la sala en numerosas ocasiones, sintiendo cómo la exposición me envuelve, me alejo con la promesa de regresar. La imagen de la próxima exposición asoma en mi mente como un faro, una invitación a seguir explorando las historias que el MUVIM guarda entre sus paredes.

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