
- Ha llegado el verano y empezamos con una foto con agua, pero nada que ver el turismo de playa, es algo mucho más trágico.
- Un niño subido a un árbol vigila su rebaño, fotografiado en Etiopía, otra de un niño saltando desde de la terraza de un edificio al rio Hudson en New York.
- Crónica de un fotógrafo aficionado, desde el comienzo hasta la actualidad.
- Siguen fotos con mensajes y frases motivadoras
- Continuamos con un relato nupcial de una boda celebrada en Aldea Santillana.
- Un reto fotográfico, que durante un trayecto urbano se van capturando escenas cotidianas con fuerza visual.
- Algunos consejos para practicar la fotografía de calle.
- Y rematamos el verano con un fotógrafo autodidacta, que fotografiaba con una consigna “lo que siento lo hago”.
Empezamos con una imagen que parece leyenda: la famosa fotografía de Robert Capa, “El soldado del agua”. En su momento, tres hombres de aquella II Guerra Mundial quisieron verse reflejados en el papel del protagonista… pero solo uno consiguió llevarse el nombre y la memoria de la escena. La fotografía, entonces, no solo retrata: también decide quién queda dentro del mito.
Después, la historia se vuelve más íntima, casi cotidiana, con dos instantes consecutivos. Primero aparece Drew Doggett, fotografiando a un niño etíope subido a un árbol: como si el mundo, desde allí arriba, fuera un lugar más grande y más posible. La siguiente imagen nos trae a Ruth Orkin, con un niño saltando al río Hudson: un gesto mínimo que, aun así, abre una ventana entera hacia la alegría y el asombro.
Y entre esas escenas, aparece el pulso humano. Un retrato de un fotógrafo aficionado, alguien que habla sin postureo y que cuenta cómo empezó y cómo ha cambiado su mirada con el tiempo. No aprende solo a encuadrar: aprende a mirar distinto, a entender que la ciudad también piensa, también respira, también se revela cuando uno se atreve.
Luego llega el empujón: varias fotografías acompañadas de refranes y frases motivadoras, directas al ánimo. Son pequeñas sentencias para animar la práctica de la fotografía urbana o callejera; recordatorios de que la calle no espera y de que la mejor cámara es la que no se queda quieta.
Después, el relato se ensancha con una escena especial: una boda en la Aldea Santillana, nada convencional, porque —tal vez— ninguna boda lo es de verdad cuando la miras de cerca. Al final, ¿no es eso lo que siempre pasa? Que la vida rompe el guion incluso en el día en que todo parece “programado”.
A continuación, un Reto fotográfico urbano: capturar entre 5 y 10 imágenes en un trayecto elegido por el participante, y añadir una descripción de lo vivido. Una dinámica breve, pero con alma: no se trata solo de coleccionar fotos, sino de regresar con experiencia, con criterio y con un pedazo de ruta en la memoria.
Y como si fuera un mapa hecho de palabras, llegan catorce consejos para la fotografía callejera: inspiradores, prácticos, capaces de convertir la duda en acción. Ideas para acercarse, para anticipar, para respetar el instante y para no perder el sentido de lo que ocurre enfrente.
Cerramos el viaje con el paso elegante del tiempo: unas imágenes de André Kertész, uno de los grandes del siglo XX. Nacido en 1894 en Budapest, fotografió durante más de setenta años entre Budapest, París y Nueva York. Su mirada, al final, hace de cierre perfecto: la ciudad como un lenguaje universal, y la fotografía como la manera de aprender a leerlo.
Feliz verano. Y hasta septiembre
