Otra jornada de anillamiento

Jornada de anillamiento en el paraje llamado el “Tancat de la Ratlla” que está situada en el Parque Natural de L´Albufera de Valencia.

El grupo local de SEO se ha encargado de anillar a las aves que hoy han sido capturadas en la “Red japonesa” instalada para esta ocasión, en total se han anillado 27 aves entre las se encontraban, “Carricerin Real”, “Buscarla Unicolor”, “Carricero Común” y “Carricero Tordal”.

También se han liberado, una gaviota patiamarilla, una gaviota de Audouin, dos moritos y un vencejo, que se encontraban recuperándose en el Centre de recuperación de fauna «La Granja del Saler».


Era el sol de la mañana tan ardiente que parecía querer derretir las piedras del camino, mas no por eso dejaron de acudir los buenos varones y mujeres de la tierra a la cita señalada en el paraje que llaman El Tancat de la Ratlla, donde la Sociedad Española de Ornitología —que es como decir los sabios de las aves— tenía concertado un anillamiento de avecillas.

Llegó primero el maestro de la ceremonia, don Javier, que es el anillador oficial de la cuadrilla, y con él un mancebo y una manceba que se aprestan a tomar el oficio: Daniel y Cris, los cuales, aunque novicios, mostraban ya el brío y la destreza de quienes han de heredar el arte de los viejos anilladores.

Mientras se tendía la red japonesa —que así llaman a aquel artificio de hilos sutiles donde han de caer las avecillas—, ya se enredaron las primeras en sus mallas, cual si el destino las hubiera guiado hasta allí para ser marcadas con el sello de la ciencia. Y he aquí que Cris, previsora como buena escudera, trajo consigo bolsitas de tela nuevas, donde han de ser depositadas las avecillas antes de ser medidas y anilladas.

Montado el tinglado —mesas, anillas de metal, báscula de precisión, pie de rey para medir los picos y las alas, y un toldo que, sin él, el sol hubiera sido más cruel que un verdugo—, se dispusieron a trabajar. Daniel, que había traído del Centre de recuperación de fauna «La Granja del Saler» cinco aves en cajas de cartón —una gaviota patiamarilla, otra de Audouin, dos moritos y un vencejo—, las soltó en este paraje una vez que hubieron recobrado las fuerzas, cual si fueran caballeros que vuelven a la lid tras una herida.

Y fue la jornada tan provechosa que, en número de veintisiete, fueron anilladas las avecillas, entre las que se contaban el Carricerín Real, la Buscarla Unicolor, el Carricero Común y el Carricero Tordal, aves todas de canto dulce y pluma airosa.

Cuando el reloj marcaba las once y media, dio fin la faena, se recogió el material —y como dicen por estos contornos: «Si te he visto, no me acuerdo»— y cada cual se marchó por su camino, dejando atrás el paraje donde, por unas horas, el grupo de SEO y las aves se encontraron en un mismo fin: el estudio y anillamiento de las aves de L´Albufera.

Y yo, que desde el principio —primero con mi cámara Pentax y su objetivo IRIX de 45mm, y luego con la Leica Q2 y 28mm—, procuré retratar todo el proceso: desde que el ave queda prendida en la red y es desenredada con tiento, hasta que es depositada en los saquitos de tela, medida con primor, pesada en la báscula, anillada con número y, por último, puesta en libertad para que vuele hacia el cielo, cual si fuera un caballero que, tras ser armado, parte a nuevas aventuras.

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